Un médico especialista en suicidiología analiza por qué los casos alcanzaron un número histórico en el país y advierte que en la gran mayoría de las situaciones existen señales previas que pasan inadvertidas
Argentina atravesó en 2025 el año con más suicidios desde que existen registros oficiales: 5.209 casos, una cifra que triplica los homicidios dolosos ocurridos en el mismo período. El dato, calificado como récord histórico, encendió una alerta sobre el estado de la salud mental en el país y reavivó un debate que durante años permaneció relegado de la agenda pública.
Para analizar las causas detrás de este fenómeno, Demián Rodante, médico psiquiatra, jefe de servicio en el Hospital Moyano y vicepresidente del capítulo de Suicidiología de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), aportó su mirada sobre un problema que, según remarca, dejó de ser invisible.
«Por fin se está viendo cuál es el problema real. Estas tasas reflejan una mejor metodología para registrarlos, pero también el padecimiento social que vivimos en la Argentina y en el mundo», señaló el especialista.
Una tasa que duplica el promedio en algunas provincias
La tasa nacional de suicidios alcanzó los 11,8 casos cada 100.000 habitantes durante 2025. Sin embargo, ese promedio esconde marcadas diferencias regionales: Entre Ríos registró la tasa más alta del país, con 20,8 casos cada 100.000 habitantes, seguida por San Luis (18,9) y Salta (17,4).
Más allá de las disparidades geográficas, Rodante puso el foco en un dato que considera particularmente revelador sobre la magnitud del fenómeno: la cantidad de suicidios fue tres veces superior a la de homicidios dolosos en el mismo período.
Un problema mundial, silenciado por el tabú
El psiquiatra advirtió que el incremento de los casos no puede leerse como un fenómeno exclusivamente local, sino como parte de una tendencia que atraviesa a numerosas sociedades en todo el mundo, vinculada a múltiples factores sociales, culturales y sanitarios.
«La realidad es que venimos padeciendo como sociedad y es a nivel mundial, no solo en Argentina. El problema silencioso es porque no hay repercusión muchas veces. A nivel de los medios hay cierto tabú al respecto», explicó.
En ese sentido, sostuvo que el periodismo puede ser un actor clave en la prevención si la cobertura se realiza de manera responsable. «Está perfecto hablar de suicidio en los medios. Son un gran aliado si queremos reducir las tasas. El problema es cómo se comunica. Si no ponemos el tema sobre la mesa, nadie va a tomar acción. Pero cómo se maneja tiene impacto social y esto está basado en evidencia», afirmó.
No hay una sola causa
Consultado sobre los motivos detrás del aumento de los casos, Rodante fue contundente: no existe una explicación única para un fenómeno tan complejo. «No existe una única causa de por qué algo tan complejo como el suicidio aumenta. Es una multiplicidad de cosas», afirmó.
Entre los factores que mencionó se encuentran la dificultad para acceder a servicios de salud mental, la escasez de profesionales capacitados en prevención y el desconocimiento generalizado sobre cómo acompañar a una persona que atraviesa una situación de sufrimiento emocional.
Según explicó, muchas veces el entorno evita hablar del tema por temor a provocar un efecto negativo, cuando en realidad sucede lo contrario. «No saber cómo hablar con alguien que pasa por un momento difícil es una de las principales causas de por qué las personas terminan teniendo esta conducta», indicó.
Por eso, insistió en la importancia de formular preguntas directas ante señales de preocupación. «Con el suicidio tenemos que ser superclaros. Preguntar abiertamente si una persona deseó estar muerta, eso se llaman ideas suicidas pasivas. Y preguntar concretamente si pensaste en hacer algo para quitarte la vida. La respuesta es sí o no», explicó.
El 80% de los casos da alguna señal previa
Uno de los ejes centrales del análisis del especialista fueron las señales de alarma que suelen manifestarse antes de una conducta suicida. Aunque aclaró que no existe una fórmula exacta para detectar todos los casos, aseguró que en la mayoría de las situaciones hay manifestaciones previas que pueden ser percibidas por el entorno cercano.
«El 80% de las personas que tiene un intento de suicidio en el último mes lo transmitió de alguna forma», afirmó.
Esas señales pueden presentarse de distintas maneras y no siempre resultan evidentes. Rodante mencionó cambios de comportamiento, una reducción marcada en la interacción social, el abandono de actividades habituales o modificaciones en la forma de vincularse con otras personas. «La gran mayoría da algún tipo de aviso, a veces sin querer dar ese signo de alarma. Cambios de comportamiento, como menos publicaciones en redes, menos interacción o dejar actividades habituales pueden alertar», detalló.
Políticas públicas fragmentadas
Al evaluar la respuesta estatal frente a la problemática, el psiquiatra consideró que Argentina todavía está lejos de contar con una estrategia integral de prevención. «Siempre estamos corriendo el problema de atrás», resumió.
A su criterio, uno de los principales obstáculos es la fragmentación de las políticas públicas y la falta de coordinación entre los distintos actores involucrados. «Los países que lograron reducir tasas de suicidio implementaron estrategias universales en escuelas y formaron a todos los profesionales del sistema público. En Argentina los problemas están fragmentados, desarticulados», sostuvo.
Para Rodante, la magnitud del fenómeno exige una respuesta colectiva que vaya más allá de la atención individual y coloque a la prevención como una prioridad sanitaria. «Si queremos bajar las tasas de suicidio, las políticas públicas tienen que hacer foco y llevarse a la práctica. Esto, lógicamente, no está pasando», concluyó.
Si vos o alguien de tu entorno está atravesando una situación de este tipo, podés comunicarte las 24 horas, los 365 días del año, con la Línea de Prevención del Suicidio: 135 (línea gratuita desde CABA y GBA) o al 0800-345-1435 (desde el resto del país).






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