En las últimas semanas, un fenómeno llamativo comenzó a ganar visibilidad en el país y en redes sociales: los therians, personas que aseguran identificarse parcial o profundamente con animales y que, en determinados momentos de su vida cotidiana, adoptan comportamientos asociados a esas especies.
El tema se instaló en la agenda pública tras ser debatido en distintos canales de streaming, donde se analizó la aparición de estos grupos en espacios urbanos como plazas y parques del país. Allí surgieron reacciones que oscilaron entre la curiosidad, el desconcierto y el debate sobre los límites de la identidad.
Explicaron que no se disfrazan únicamente por diversión: “No es cosplay. Se sienten animales, viven como animales en ciertos momentos, se mueven como animales y se vinculan entre ellos desde esa identidad”. En la mayoría de los casos, las identificaciones corresponden a mamíferos como perros, gatos o zorros.
Identidad, ocio y vida cotidiana
Uno de los puntos que más llamó la atención durante el debate fue cómo estas personas conviven con la vida laboral y social. Un periodista de reconocido medio, compartió el testimonio de una joven therian que aclaró que no abandona su vida “humana”: trabaja, estudia y cumple rutinas normales, pero en sus tiempos libres elige expresar esa parte de su identidad usando accesorios como collares, orejas o máscaras y reuniéndose con otros integrantes de su “manada”.
Se remarcó que, según los propios testimonios, los therians se definen como pacíficos y afirman no haber protagonizado conflictos con terceros, más allá de la sorpresa o incomodidad que pueden generar en el espacio público.
Therians y furries: no son lo mismo
Durante la conversación se hizo especial hincapié en diferenciar a los therians de los furries (o furros), dos subculturas que suelen confundirse.
Mientras que los furries forman parte de un fandom artístico y recreativo —basado en personajes animales antropomórficos, disfraces elaborados y eventos temáticos—, los therians sostienen que su vínculo con el animal es identitario y espiritual, no un hobby. No buscan representar un personaje ficticio, sino expresar una parte de lo que sienten que son.
Un fenómeno en expansión
Aunque para muchos parezca una tendencia reciente impulsada por TikTok, el origen del therianismo se remonta a comunidades de internet de los años 90, derivadas del concepto otherkin. Hoy, el auge de las redes sociales amplificó su visibilidad y trasladó el fenómeno del ámbito digital a plazas, parques y encuentros presenciales.
Lejos de ser una moda pasajera, estas expresiones forman parte de un debate más amplio sobre identidad, libertad individual y convivencia en el espacio público.





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